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viernes, 11 de mayo de 2007

Julieta apedreada

“Una niña de 17 años muere apedreada brutalmente en Irak"

Con esta noticia despertábamos el martes. La muchacha, que pertenecía a una secta kurda que alaba al Diablo, había cometido el “delito” de enamorarse de un joven musulmán con el que quería casarse. Por amor se había convertido al islam, algo que su familia no toleró y un grupo de nueve hombres, pertenecientes a su propia familia, la apedrearon hasta la muerte.

Una Julieta que de nuevo muere, un Romeo que no se sabe dónde está. Noticias como ésta nos tienen que hacer pensar en lo afortunados que somos por vivir en una sociedad en la que el amor es libre. Una sociedad en la que los jóvenes se enamoran sin edad, sin sexo, sin raza, sin distinción social. Una sociedad permisiva en la que ir por la calle de la mano no es delito, ni besarse en público, ni decirse ‘te quiero’ delante de la familia, ni tener un hijo sin estar casado. Una sociedad libre en la que no existen “Julietas apedreadas”.