Llegas a casa, cansado, con ganas de sentarte en el sofá a ver la tele o de directamente meterte en la cama sin cenar… Abres la puerta y en dos segundos una pequeña figura asoma con cara de dormido… Enseguida se despereza y comienza su danza particular: a dos patas, saltando, moviendo la cola eufóricamente y con ganas de lamerte las manos…
Sólo él desconoce que estás cansado, sólo él se alegra de verte como si hubieran pasado unos cuantos años desde que saliste de casa a las 8 de la mañana… sólo él ha guardado su energía durante todo el día para saludarte y quedarse a tu lado… sólo él te esperaba para dormir cerca de ti, como cada noche, sin pedir nada a cambio. Bueno, algo sí: desea que lo saques a pasear un ratito, mientras disfrutas de la tranquila noche en la ciudad. Aunque cansado, a ti no te importa, es lo único que te pide tu compañero y por el recibimiento que te brinda cada noche, te compensa salir con él e incluso se lo agradeces.
La noche es un momento para ti, para relajarte y para dejar atrás tu largo día. Él no te pregunta, sólo te observa, sigue cada uno de tus movimientos y así te conoce completamente. Sabe tus rutinas, tus horarios, tus hábitos y manías. Sabe si estás triste o si eres feliz y lo comparte contigo. Sabe estar a tu lado y saltar si le sonríes y calmarte si le lloras. Lo sabe. Tiene una sensibilidad especial.
