Septiembre es un mes de cambios importantes. Se acaban las vacaciones y vuelve la rutina, el verano da paso al otoño, se acaba el calor y aparece el frío, vuelta al cole o al trabajo, vuelta a la ropa de abrigo y a guardar la ligera, vuelta a las prisas y a los agobios… en definitiva, vuelta a la vida “dura”. Por eso es un mes que la mayoría detesta ya que supone dejar a un lado ‘lo bueno’ y volver a ‘lo malo’. Y es que a lo bueno nos adaptamos fácilmente pero a lo malo… cuesta de verdad.
Septiembre es también el mes en el que, según los estudios, rompen un tercio de las parejas españolas… Debe de ser que la intensa convivencia en las vacaciones acaba por sacar a la luz los problemas que se venían amontonando durante todo el año. Un motivo más por el que odiar a Septiembre... algunos más que otros.
Muchos estudiantes tienen además que estudiar para Septiembre. Ponerse a estudiar en agosto mientras otros disfrutan de la piscina sí que es duro de verdad, sobre todo si te dicen “Mira que tener que estar estudiando en lugar de irte de vacaciones… ¿Pero no pudiste con ella en Febrero o qué?” Pues no, es evidente que no, si no no estaría en casa metida mientras tú ‘te tumbas a la bartola’.
Si algo preocupa para aprobar es cuando de ese examen depende tu futuro profesional. La tensión aumenta, la presión sube y las ganas de seguir adelante bajan en una relación inversa porque caes en desánimo. “Si no apruebo ¿qué hago?, Me la juego y de verdad…”.
Y es que son varias las razones por las que odiar a Septiembre y probablemente muchas personas nunca se hayan parado a pensarlo pero si lo hacen se unirán al grupo de los que pedimos que el mes se retire del calendario… al menos por una larga temporada.